
Como primera experiencia.. el avión. Hasta el dia 23 de febrero de 2011, mis pies nunca habian estado a tantísimos metros sobre el cielo. Estando ya sentada, con el pellizco en la barriga y con incertidumbre por los dias que me esperaban en parís, la azafata de vuelo comienza a indicar las salidas de emergencia, el chaleco salvavidas, la mascarilla.. Los motores comienzan a sonar, el avión comienza a moverse, y en menos de 2 minutos, me encuentro a mucha altura, con los nervios aun en el cuerpo y sabiendo que ya no habia vuelta atrás.. Rocío Blanco Ortiz va a pisar París en cosa de 2 horas y media, y soñando, soñando.. mis ojos se cerraron. Al volverlos a abrir, me encontraba volando por encima de los Pirineos.. la nieve, las nubes, cada vez estoy mas cerca. Una vez aterrizado el avión, me pongo manos a la obra: tras haber recuperado mi maleta, me dispongo a enviar mensajes para avisar oficialmente de que estoy en París.
Con la cámara en la mano nos montamos en el autobús.. ni el frio ni el cansancio podían arrebatarme la ilusión que me proporcionaban aquellas bonitas calles llenas de cultura, arte e historia. Al pasar por una calle enorme y ver tantísimas tiendas tales como Louis Vuitton, Gucci, Dior, D&G o Coco Chanel, me sentí como una auténtica Sarah Jessica Parker perdida por las calles de Nueva York, pero en París.
La primera cena fue lo que se dice una auténtica bazofia, pero ni eso podía arruinarme mis días. Tras una llamada de casa, una ducha, un pequeño picnik y algunas que otras fotos en mi habitación 66 del hotel Luxia, me dispongo a dormir. He de indicar que la cama era compartida, sí, una cama pequeña, pero me dormí tan contenta de saber que al otro dia estaría en Disney cumpliendo uno de mis sueños, que nada podía impedirme soñar..
Muy temprano me dispongo a desayunar con el resto de mis compañeros de viaje. De un "chocolat" y un croissant estará formado mi desayuno durante los cuatro días.
Después de una hora y algo en el autobús, y un registro policial, una cola inmensa se dirige a Disneyland, estaba a pocos minutos de pisar el mundo de Micky Mouse.
Con mi entrada de Daisy en la mano, mi cámara y toda la ilusión que una chica fanática de Disney puede conservar aun teniendo 17 años, entro en aquel bonito lugar.. WaltDisney Studios al fondo, el castillo de las princesas a un lateral, miles de globos de Minnie y Winnie the Pooh.. No sabía por donde empezar a ver. Cuando acaba el día, mi corazón y mi cabeza me dan las gracias por haber disfrutado tantísimo de esas horas en Disneyland, por haber gritado, reído y llorado al ver pasar una carroza con Ariel, Jasmin, La Bella.. Por haberme creído parte de un mundo lleno de fantasía, porque llevando unas orejitas de tela con un lacito rojo de lunares blancos yo me sentía la persona mas feliz de aquel inmenso parque de atracciones..
Al otro día visitamos el Louvre, un paraíso cultural donde los haya... Este mismo día subimos a la Torre Eiffel, otro sueño cumplido. ¡Qué grafiticante el poder ver París desde un sitio tan precioso! Después de muchas paradas de metro, de sufrir el agobio en éste y de vivir un accidente de coche a pocos metros de mí, vamos a cenar: la última cena parisina, y quizá la mejor de todas. LLega el momento de la última ducha, el último picnick, las últimas reuniones de amigos en aquella habitación 66.. Ya echando de menos mi casa después de hablar con mi madre, y de saber que todo está bien, cierro los ojos una vez más para soñar..
El último desayuno en París, la nostalgia de dejar aquella habitación, mi habitación durante 4 dias y 3 noches.. Era la hora de pegarle el último bocado a mi croissant y guardar todas las maletas en una sala mientras pasamos las últimas horas por las bonitas y mojadas calles de París... De nuevo cogemos el autobús, visitamos Notre Dame y cuando oigo el repique de las campanas, mi mente se imagina a Quasimodo, el jorobado de Disney, colgando de aquellas campanas para hacerlas sonar.. Después llega la hora de visitar el museo de arte moderno, Pompidou.. ¡Qué buen rato pasamos! Es interesantísimo, y la verdad que no sabía donde pararme a mirar... Mientras observaba una obra de Miró, extrañamente, salió el sol y un rayito se dejo ver por entre los cristales de aquel moderno museo.. El único rayito de sol que pude disfrutar en París.Ya solo quedaban horas para volver al aeropuerto y coger el avión que nos mandaría de vuelta a Fuengirola..
Muy decidida, fui en busca de una sudadera de París, que finalmente tenía escrito: "París, Je T'♥", una gran verdad.
Después de una comida en el McDonal's, muy moderno por cierto, nos pusimos a recorrer el sinfín de tiendas de las que consta París: Sephora, Zara, Bershka, QuickSilver, Foot Locker, Gap.. en definitiva, una calle a la que cualquier comprador/a compulsivo/a no podría resistirse.
LLega la hora de reunirse con el grupo, coger el autobús, cargar las maletas y facturar..
De nuevo el avión, pero esta vez me tocó ir pegada a la ventana, lo que me causó un mal estar que perduró hasta que me cambié de sitio.
Cuando ya estabamos en el aeropuerto de Málaga esperando las maletas, una sensación muy extraña de nostalgia por París y alegría por Fuengirola recorrió mi cuerpo: sabía que eran los últimos instantes en los que ibamos a estar todos juntos y esa noche la pasaría sola, sin picnick en la habitación, me ducharía y no vería 4 cepillos de dientes, ni 4 neceseres en la repisa de mi cuarto de baño, no habría sin gente que entrara y saliera en silencio por si los de recepción se quejaban, y al otro día, no estaría una mujer para preguntarme si quería para desayunar un "chocolat" o un café.
Al mismo tiempo, unas ganas locas de abrazar a mi madre me tenían completamente en tensión, y al verla de lejos, con mi padre al lado y mi perrita en sus brazos, mis ojos se iluminaron y unas ganas locas de llorar me rondaban la mente..
Ahora tengo 552 fotos en tuenti de este viaje, y han pasado unos 18 días desde que volví, cada uno va por su lado, pero a mi siempre me quedarán en el recuerdo aquellos cuatro días junto a unos 30 compañeros y 3 profesores en París, 4 días de ensueño, 4 días en los que los problemas se quedaron en mi casa ocupando mi lugar, y yo fui feliz en todo momento, y ni el sueño, ni el hambre ni la alarma a las 7.30 de la mañana podían hacer que yo estuviera quieta teniendo tantísimo por ver y aprender.
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